lunes, 24 de junio de 2013

Conservación arquitectónica



En La Ceja sí hay quien cuide el Patrimonio Arquitectónico

Como a una hija consentida que se le da lo mejor y se le compra el más hermoso el vestido. Así quedo esta bella casa de nuestro municipio. 



La identidad de nuestro pueblo es una lucha constante que siempre incluye nuevos símbolos y lenguajes a la hora de idealizarnos y reconocernos como grupo social. Somos testigos de la trasformación visual y simbólica de nuestra infraestructura urbana que cambia las dinámicas de nuestra urbe, adquiriendo nuevos referentes simbólicos con componentes buenos y unos no tan buenos.
Era de esperarse que con la globalización y las nuevas tecnologías íbamos a estar comunicados con todo el mundo, muchos se enterarían de que a los 6 grados 1 minuto norte y a los 75 grados 25 minutos occidente había un pueblo con personas muy amables en un hermoso y paradisiaco paisaje geográfico; oportunidad para muchos de buscar refugio de sus agonías de ciudad e impresionante oportunidad monetaria para las compañías constructoras. Pero si construimos desenfrenadamente en el valle y erosionamos la parte sur ¿De dónde sacamos pues más tierrita, recurso irrenovable?
Desde que en el 2010 vimos desaparecer la Casa de la Cultura Gregorio Gutiérrez González, supuesto patrimonio del municipio, para darle paso al edificio del Punto Cien, nos dimos cuenta que la transformación ya había empezado y sabemos que no va a parar, lo vivimos a diario, vemos como se levantan edificios por aquí y edificios por allá, hasta nos iban a construir un gran hormigón en el parque principal donde quedaba “El Taboga”; no pasará mucho tiempo para que grandes edificios borren de nuestro paisaje las bellas montañas verdes y vivas que nos circundan. Sabemos que esta transformación no va a parar ya que las compañías constructoras no van a parar, como no va a parar la emigración cada vez mayor de personas buscando forjar sus vidas en este maravilloso espacio, lo que si podemos hacer es tomar parte en esta transformación, decidir sobre nuestras cosas, sobre nuestro territorio. Por ejemplo haciendo parte del Plan Básico de Ordenamiento Territorial que se está construyendo justo en este momento, no podemos hacernos los ciegos, sordo-mudos, muchos antes que nosotros ya lo veían venir y tenían medidas brillantes como el “quinto de oro”, que impedía la construcción de más de cinco pisos; ¿nosotros que estamos haciendo para conservar lo nuestro? ¿o pasaremos en blanco sin hacer nada?



Imágenes como esta hacen hoy parte de nuestra cotidianidad, incluso en el Parque principal, derrumban las construcciones que vieron el nacimiento de este pueblo pujante; lo preocupante es que al derrumbar estas bellezas arquitectónicas sin ninguna medida, nos estamos olvidando que estamos derrumbando también nuestro pasado, nuestra memoria histórica, nuestra identidad, no le estamos dando importancia a estos espacios, a nuestra familia, a nuestros ancestros. 



 En este entorno cada vez más cambiante esta antigua casa, ubicada en el segundo piso de la esquina de la calle 19 con la carrera 22, a una cuadra del parque en sentido occidente al frente del teatro y de la Sociedad de Mejoras Públicas, otros dan grandes emblemas patrimoniales de nuestra localidad; ha sido remodelada, restaurada, embellecida, valorada, resurgida del olvido, del pasado para reintegrarla por muchos años más a nuestro mundo apresurado, moderno y de altas edificaciones que no guardan ninguna relación con el entorno de pueblo tranquilo y costumbrista.
Así empezó la transformación de este patrimonio arquitectónico de nuestra localidad. 



Restauración que requirió muchas manos dotadas y laboriosas, y muy seguramente de muchicimo dinero; aunque con toda certeza no tanto como el que ya le habrán ofrecido los inversionistas constructores por este inmueble inmaterial e invaluable que hace parte de nuestro imaginario, a su propietario y protector mil felicitaciones, por demostrar que hay cosas mucho más importantes que el simple dinero y que tener una casa tan hermosa no tiene precio, sabemos que adora a esta casa y nos hace feliz saberlo y que la tendremos muchos años más entre nosotros.
En el mundo de la inmediatez, del instante, de lo superfluo, de la fachada; lo antiguo se ve como anticuado por el desconocimiento, y mientras en otros lugares del mundo, las políticas públicas buscan a todo costo conservar estos legados históricos y nidos de nuestra historia; en nuestra localidad es cada vez menor el número de inmobiliarios que vieron el nacimiento de este pueblo y que nos quedar por salvar. Este patrimonio arquitectónico, que si es destruido nunca más volverá, es nuestra memoria colectiva, de tradición, de identidad. Que aunque se supone es deber del estado salvaguardar y proteger, en esta ocasión es cuidado por su propietario como el tesoro que es, quien realmente se merece las felicitaciones del pueblo entero, por marcar la diferencia, por sembrar un ejemplo, por ese bonito trabajo de restauración, por guardar para nosotros y muchos más después de nosotros ese legado arquitectónico que ha marcado nuestra historia; hoy la apuesta es hacia la conservación del patrimonio, a un patrimonio fuera de avaricias personales, a un patrimonio sostenible, amigable con el espacio y con nuestra historia.

Hoy el triunfo es de todo el pueblo porque este ejemplo, esta restauración es bienestar, es riqueza, es historia, es memoria, es identidad colectiva; además quedo muy hermosa esta fachada. Quién no quisiera vivir en este espacio tan maravilloso.

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