¿cultura?
Unos años atrás, un profesor puso
a sus estudiantes a preguntarle a la población cuál era el significado de
cultura. Entre otras muchas múltiples respuestas estas son más o menos algunas.
Un jubilado que pasaba sus tardes
jugando ajedrez en una cafetería de esquina con sus amigos y múltiples
personajes que al verlo sólo sentado y con los soldados listos para la batalla,
se atrevían a aceptarle el reto respondió: Cultura es la forma correcta de
comportarse, sentarse bien a la mesa,
saludar y despedirse, mantener el decoro, no blasfemar ni decir malas palabras,
mantenerse aseado y bien presentado; en pocas palabras narró lo poco que se
acordaba de las viejas enseñanzas del Carreño.
Un asesor de atención al cliente
respondió que la cultura es el buen trato a las personas, ser servicial, estar
siempre dispuesto a ayudar, trabajar para que todos se sientan satisfechos y bien tratados.
Para un chicuelo cultura es ir a
cine y a obras de teatro, escribir y leer, las obras de arte, hacer deporte, los viejitos de la banda, la forma
como se vestían las profesoras y en especial los dibujos y las pinturas.
Para el carnicero la cultura es
la gente que lee libros, a la que le gusta estudiar, la que se pasea con la
prensa bajo el hombro y son capaces de resolver los múltiples acertijos de los
crucigramas. Para él, el dueño del almacén de la esquina es un hombre culto
porque se la pasa todo el día sin hacer nada, solamente leyendo libros,
periódicos y revista, y agregaba que él mismo un día quisiera llegar a no tener
que hacer nada para volverse culto también.
En estas, ¿Qué pensarán los
gobernantes de lo qué es cultura?
La situación nacional, regional y
local, al contrario de lo que muestran las maquilladas estadísticas no son tan
buenas como las pintan. Toca ser todo un mago para estirar ese infame salario
minino sin que se rompa y sin que las deudas mensuales no te lleven por
delante, y eso los que se alcanzan a ganar esa chichigua, estamos hablando de
los afortunados, de los que en la mayoría de los casos les hacen el “favor” de emplearlos,
por supuesto no estoy hablando de los altos magistrados, ni de las piezas
indispensables en los engranajes de las multinacionales, estoy hablando de
ciudadano común, el de a pie, en muchos casos el que de verdad se interesa por
la cultura, el que es consciente de que cultura esa forma de comportarnos y
convivir como grupo en determinada zona geográfica.
Mientras tanto los índices de
inseguridad continúan aumentando y así seguirán, porque no hay forma de que
disminuyan mientras la brecha social continua ampliándose; y mucho menos en
nuestra sociedad, donde vivimos en la cultura del más “vivo”, del enriquecerse
de una forma fácil y rápida sin importar a quién tenga que llevarse delante,
del empleado de turno que sólo le interesa sacarse su sueldito y que den las 6
de la tarde para irse para su casa o a chupar alcohol en egocéntricas
celebraciones en honor a sus “meritorios” cargos, en esta cultura de la
apariencia, de la imagen, en esta cultura de sobrevivencia, cultura del hambre, en esta cultura de
guerra, del miedo, del miedo a todo , hasta de hablar porque sí hablas te van mirando
feo, puedes perder tu trabajo, tu libertad o hasta tu vida, incluso por parte del
gobierno mismo (ente velador de los habitantes) porque te pueden confundir con
un indigente y convertirte en una cifra más para demostrar que las acciones de
guerra si generan resultados; y en un país donde entre el 40 y el 60% de la
población viven en situación de pobreza y mendicidad, no es nada difícil entrar
a figurar dentro de los objetivos, y menos con tanta carranga que no le
interesa el bienestar social, si no su propia calidad de vida. En este sentido,
la calidad de vida seguirá siendo para esos cuantos que tienen mucho y que lo
dominan casi todo. Que triste vivir en un mundo en que no hay suficiente para
los que no tienen nada y lo hay todo para los que lo tienen todo.
En que sociedad vivimos, que
realidad tan obscena, magnitud descomunal de decepción profunda y repugnancia.
Me mofo de las políticas nacionales de progreso, que consienten y pretenden el
crecimiento económico a cualquier costo, estimulando la acumulación y la codicia
corporativa. Donde cada vez es más arrasador el poderío corporativo, menores
las normatividades nacionales y casi nulas o prohibidas las acciones sociales.
Y nuestra sociedad, nuestra gente como si nada, perdidos en la cultura de la imagen, del ruido, del desperdicio, de la alegría falsa del alcohol, las drogas y las efímeras fiestas. Haciéndose la del oído sordo, como si nada de lo que sucediese tuviese que ver con ellos, ni con nadie, todos hablan, en las esquinas, tiendas y estanquillos, todos rumoran y cuchichean. Cuando pasa algo, sí está distante hacen un ruidito para enardecer sus egos antes sus colegas y semejantes, pero si es algo cercano, algo local; todos, se hacen los de la vista gorda y oídos sordos, como si la cultura, ese modo de comportarnos y convivir en sociedad no dependiese también de ellos. Y se lavan vilmente las manos con el simple hecho de siempre otorgarle la culpa a alguien más.
Entonces la cultura recae sobre todos y cada uno de nosotros, ya que esta no es otra cosa que el conjunto de modos de vida y costumbres, los conocimientos y el grado de desarrollo artístico, científico de un grupo social. Entonces, nosotros decidimos y deteminamos con nuestras acciones, si nos permitimos tomar acciones al respecto de lo que pasa y acontece a nuestro alrededor o continuamos haciéndonos los de la vista gorda y el oído sordo.


