Con mucho cariño para proyecto "Cicloturismo en La Ceja y ciudad sostenible".
En la madrugada,
antes de que los motores se enciendan y que los rayos del sol salten a secar el
asfalto húmedo del rocío de aurora cejaña, cientos de trabajadores utilizan
como combustible un chocolate o un café caliente y como único mecanismo de
tracción sus piernas para trasladarse de sus hogares hasta sus trabajos. Luego
bajo los cálidos rayos del sol, unos cuantos desprevenidos saldrán con ropa cómoda
a darle fuerza a sus pulmones y a
encontrarse con otros cientos de uniformados estudiantes que bostezan la bruma
de la mañana. Todos ellos tienen algo en común: la bicicleta, vehículo tan
tradicional y tan antiguo en nuestros hogares como el indispensable cuadro del Corazón
de Jesús en las paredes de las salas. En todas las casas de La Ceja, el escudo
simbólico de la bicicleta nos representa y nos identifica, las exhibimos con
orgullo; símbolo tan nuestro y tan vivo que continua manteniendo prioridad en
las vías del pueblo, en La Ceja no se concibe un hogar sin una de ellas. Piense
en una calle cualquiera, de La Ceja por supuesto, y sin quererlo la imagen de
alguien en una bicicleta se desliza ante su visión. Tenemos desde hace mucho
tiempo lo que las ciudades más “civilizadas” se enardecen de presentar como
innovadoras políticas culturales y ambientales: el uso de la bicicleta.
Un vehículo que dio
sus primeros pasos a punta de pedal, que
fue revolucionario en su época y que en las actuales condiciones de la sociedad
se vuelve foco de atención para una dinámica sostenible. “La bicicleta no produce polución aérea ni ruido, reduce la congestión,
los impuestos, ayuda a aliviar la demanda de parqueaderos, ahorra energía,
utiliza el espacio de la vía en forma eficiente, proporciona movilidad, ahorra
dinero, mejora la salud y el estado físico, y es rápida y divertida”. Reduce
el uso exagerado del bus, el automóvil particular, el taxi y la motocicleta,
grandes consumidores de combustible fósil y contaminantes del medio
ambiente.
Los problemas de
movilidad que sufren las grandes ciudades y el cambio ambiental que se da a
nivel mundial han puesto en la figura de la bicicleta una solución económica, versátil
y saludable, quizás los más relevantes beneficios del caballito de acero.
Estas razones hacen
pensar, sin que suene descabellado, que más pronto que tarde presenciaremos una
revolución cultural-ambiental que porte como insignia a la bicicleta, no sólo
como un medio de transporte versátil, sino que modifique las dinámicas
sociales, transforme los espacios, tanto físicos como los del imaginario, y nos
lleven a experimentar una movilidad de conciencia, cuerpo y espíritu.
Una conciencia de
movilidad que va mas allá de una estética consumista, y pasa a una estética
contextual, un ritmo lento de desplazamiento que permita expandir nuestra
visión más allá de las preocupaciones, hasta llegar a percibir la sutiliza del
viento, la escritura en la tierra de los perros transeúntes y los saltos
infantiles de los niños contrastando con los lentos pasos del tiempo en los
ancianos.
La bicicleta, ayer y
hoy es sin duda, en la ceja, un sistema de transporte ideal, el principal
sistema de trasporte local, que al volverse un símbolo cultural, enmarca a su
vez un marketing que abre dimensiones para pensar a la bicicleta como una nueva fuente económica, como atractivo
turístico cultural, integrado a ciclo-rutas urbanas y rurales, que develen la
necesidad de sistemas integrados, parqueaderos públicos de bicicletas que
suplan la necesidad de desplazamiento de los habitantes de la comunidad y den
garantías para el fortalecimiento de una verdadera inteligencia vial.
Mientras tanto el mundo no se detiene, sigue
girando, nuestra necesidad de desplazamiento tampoco, entonces está en cada uno
de nosotros elegir el deber de hacerlo mover, de hacerlo Re-evolucionar, de
hacerlo de una forma responsable y contando con las tradiciones y las
características geográficas adecuadas que tenemos ¿para qué complicarnos con
sistemas de transporte de combustión que le hacen daño a nuestro planeta
pudiendo dar un salto de conciencia y una ayuda a nuestro medio con solo usar
la bicicleta? Las respuestas están claras, es hora de trasformar lo que nos
rodea y apropiarnos de ello, hacerlo nuestro, darle el papel que realmente se
merece y solo basta con dar el primer pedalazo para no detenernos nunca.

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